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Mostrando entradas de enero, 2021

De cuando Camila y Waldito Leshuga se conocieron

Había una vez una linda cucharita que no se lavaba las orejas. Tanto así que un día quedó sorda. Ay que terrible! Porque sus amigos le hablaban y le hablaban y la pobre parecía que no escuchara. Budum tsss Había otra vez una tierna verdura llamada Waldito Leshuga, hijo de la señora Lechuza y del señor Tortuga, que conoció un día de primavera a la bella Camila, hija de la señora Camaleona y el señor Gorila. Fue todo en medio de un rumor apocalíptico. No de jinetes voladores pero sí de zombies mutantes más chicos que un grano de arena. Eran todo un ejército, y obligaban a los futuros enamorados a mantenerse a raya, lejos de ese bicho tóxico y contagioso que es el amor. Partieron de a poco. Waldito Leshuga le contó de su historia, de sus primeros brotes y de las mutilaciones que sufre toda lechuga comestible. Le habló de su lluvia preferida y del cosquilleo que le producían las chinitas en sus hojas. Camila, por su parte, también le compartió su historia. Partiendo por explicar que su sem...

Bicharracos cuánticos

La pequeña Camila se entusiasma cuando entiende que puede hacer luz a partir de una pila y un par de cables. O se le acelera el pulso cuando, al sentir el exquisito olor de un pastel, se da cuenta que es capaz de hacerlo con sus propias manos.  La pequeña Camila camina en línea recta, de la mano de muchas manos, bien segura y acompañada. Y claro, cuando el entusiasmo la desborda, se larga hacia adelante más rápido de lo que su ligero carácter es capaz de aguantar. Aún es muy pequeña, y aún no hay templanza que le afirme los pies en la tierra. La pequeña Camila se bifurca como si fuera una carretera. Elige ser dos, tres, cuatro o cien Camilas. Se forja en cada tramo como una herramienta útil y funcional. Se deja querer lo mismo que ella aprende a querer. Se divierte, sobre todo aprende a disfrutar en las mil bifurcaciones que se obligó a tomar, y ya no hay muro o choque que la detenga. Si aparece una roca en su camino, simplemente se desdobla y sigue dos nuevas direcciones. Conforme...

Eufonía (o pretensión retórico-poética de un tonto enamorado)

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Qué belleza de palabra, dios mío. Imagínala ahora extendida más allá del oído.  Como sinestesiada en los ojos, la boca o la piel. Que una bella melodía te tome la mano, O empacharte de colores deliciosos al desayuno. Una sinestesia eufónica para mí.  Eso significas en mi vida. No mi eufonía,  Más bien una eufonía inquieta Que recibo encantado Y me permito degustar En clave de Sol O en clave de Mi.