El mito de la roca


Mucho se ha dicho y escrito sobre Sísifo y su condena, pero pocos saben que aquella leyenda, o más bien mito, no es más que una historia de amor.

Se piensa que Sísifo se vio obligado, día tras día a cargar con una pesada roca por una empinada colina, nadie se puso a pensar en la alegría del hombre cada vez que llegaba el momento de caer, de delizarse a toda velocidad y sentir el vértigo en su estómago, la adrenalina de una caída libre junto a su querida roca. Porque sí, aquella roca es una metáfora (maldigo a los intelectuales y su retorcida literalidad). No hay otra cosa en aquella roca que un corazón, brazos, piernas y un amor, el amor para Sísifo, las caricias para Sísifo y los abrazos incontenibles para Sísifo. 

A ningún estudioso se le ocurrió mirar el pasado de Sísifo como el mismo protagonista: con orgullo, con la sabiduría de un hombre adolorido y cicatrizado, con los fantasmas y los cambios de piel a cuestas, pero con la satisfacción creciente de haber hecho sin desvíos el camino exacto que lo llevó a su presente, a su interminable e infito presente. A pasar sus días subiendo y subiendo, junto al amor de su roca, y luego por fin dejarse llevar por la gravedad desde la cima hasta las faldas de esa gran colina.

Menos se les ocurrió contar la historia de la roca, de la bella roca que aviva el juego de los dos. De los años y la historia que esconde, de la sangre tecnicolor que le fluye por dentro, a pesar de las resistencias de los geólogos expertos. En fin, mezquina ha sido la historia popular, la filosofía popular con este cuento hermoso y romántico. 

Podríamos extendernos en hablar sobre las leyes de la física que no gobiernan en esta historia, explicar que no es Sísifo quien carga ni la roca quien se deja cargar, que un plano inclinado se queda muy corto para denominar al territorio donde ocurre el mito, porque del cielo a la tierra y viceversa hay un sinfín de lugares inexplorados y puntos ciegos, donde los dos se descubren y se esconden del mundo. Quizás esta sea la causa de la famosa confusión, y podríamos explicar todo esto, pero dejemos a la historia reescribirse a su pinta, total, aquellos que ven en Sísifo a un pobre hombre condenado, ni idea tienen acerca de las pícaras miradas que se lanzan los dos enamorados detrás de la historia oficial.

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