Si me preguntan...

¿Por qué?
Porque me encanta verte despertar.
Porque me río mucho contigo.
Porque disfruto escucharte.
Porque desbordas alegría.
Porque me sorprendes
con tu ñoñez y con tu belleza,
y con tu simpatía y con tus ronquidos.

¿Cuándo?
En un momento inesperado.
Cuando el tiempo cambió de ritmo,
y el ritmo enfiló hacia un norte brillantoso.
Cuando el deseo no espera,
y nos sudamos todo el amor.
Cuando te miro viva o en una pantalla,
y no me lo creo, y después sí,
y después me muerdo los labios,
y vuelvo a mirarte,
y te juro que no lo puedo creer.

¿Dónde?
Donde cabemos los dos,
lejos de la dureza y el tedio de algún mal día.
En mi nuevo y precioso lugar seguro.
Ahí donde sonrío sin razón aparente.
Donde se me ablandan las angustias.
En pleno punto muerto, callado y quieto,
izando una tierna banderita 
pintada de carita feliz.

¿Cómo?
Libre, contento y distraído.
Envuelto en maripositas de colores.
Enamorado hasta las patas.
Perdido en tu encanto,
ese encanto ligero y grácil,
tan inquieto y espontáneo.
Agarrado de tus brazos,
muy apretado y seguro de tu amor,
y de que me miras igual que yo a ti.

¿Khé?
Un amor.
Un sueño.
Un beso.
Una tragedia invertida.
Un paraíso imperdido.
Un par de besos más.
Dos manos entrelazadas,
suspendidas en el aire,
justo al medio de nosotros,
urgentes la una de la otra,
compartiéndose el calor y el frío.

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